Las Palmas de Gran Canaria, ciudad de boleros

La relación de Las Palmas de Gran Canaria con el bolero es muy especial: un amor mutuo cuyo origen se localiza en los años de crecimiento en la actividad del Puerto de La Luz y de Las Palmas, inaugurado a finales del Siglo XIX. Desde entonces, los muelles de la capital grancanaria vivieron como protagonistas el tránsito de inmigrantes isleños hacia el Caribe y América, el progresivo desarrollo comercial de las exportaciones británicas o la logística de la colonización de África. O el auge de la flota pesquera internacional que faenaba en el Atlántico Medio. En todos estos procesos el bolero tuvo viajes de ida y vuelta a la ciudad, que llegó a albergar desde los años cincuenta varios cabarets en los que estas melodías de cadencia seductora y nostálgica eran habituales en el entorno portuario.

De origen cubano (aunque México también apunta sus propias referencias), el bolero surgió como género también a finales de Siglo XIX, con una gran aceptación a lo largo de toda Iberoamérica. Al otro lado del Atlántico, Las Palmas de Gran Canaria hizo suya esta suerte de forma muy singular, cultivando una gran afición por sus intérpretes y su amplio cancionero.

“En la ciudad arraigó el bolero. ante incluso que a la moda que llegó a España años después”, subraya José Quintana, que también alude a los isleños que en las décadas de los ochenta y noventa se apuntaron a la tarea de rescatar los boleros en un momento de auge de la música folklórica canaria.

Quintana es el promotor del Festival Noche de Boleros de Las Palmas de Gran Canaria, tradicionalmente enmarcado en el programa de Fiestas Fundacionales de la ciudad: una iniciativa de la que tienen buena parte de culpa el grupo  Los que no escarmientan. Y que acumula trece ediciones, siempre celebradas en el casco histórico fundacional del barrio de Vegueta.

El festival arrancó como una iniciativa privada, con el impulso de la formación Los que no escarmientan, en la Plaza de Santo Domingo. Un emplazamiento histórico en donde se ubica la sede de la Orden del Cachorro Canario: allí justo es donde ensayaba este grupo, apasionado del bolero. La Orden, además de dedicar su actividad a la preservación de las costumbres y el folklore isleño, también divulga las conexiones culturales canarias con las comunidades americanas.

El Ayuntamiento de la ciudad se sumó luego a la hora de apoyar este evento, producto de la sociedad civil, que es también un fiel reflejo de las profundas raíces multiculturales en la música canaria.

Quintana subraya que “la filosofía del festival es ofrecer un espacio a las  jóvenes promesas del género y dar cancha a la vieja guardia”. Y, que no falte, incluir en el cartel “a un trío que responde a la imagen más clara del bolero, como la de Los Panchos”. Todo esto no ha impedido el paso de artistas empaque a lo largo de sus ediciones, con especial mención para Los Tres Reyes, estrellas en la última edición, que coincidió en la última gira que esta formación mexicana completó por Europa. Además, por las Noches de Boleros de Las Palmas de Gran Canaria han desfilado en estos trece años intérpretes como Sole Giménez, Manu Tenorio, Luis Morera, Vicente Borland, Ángela Molina, Natalia Dicenta, Mayelín, Cira Rodríguez o Tinguaro.

En las últimas ediciones, marcadas por la pandemia global de la COVID-19, las Noches de Boleros se han seguido celebrando en la Plaza de Santa Ana, en el núcleo del casco histórico del barrio de Vegueta. Con aforo controlado y las correspondientes medidas de seguridad, el bolero, con todo, no ha dejado de acudir a su cita con la ciudad.